Es cada vez más difícil sorprenderlo. Él se defiende
(¿o seremos nosotros que nos defendemos de él?), se
refugia en lugares cada vez más
distantes, inhóspitos
a
veces: pantanos, grutas abandonadas.

Todo crece en el silencio. Todo crece en silencio. Desde
el arce hasta la vulgar tradescantia. Pero quienes
mejor se adaptan son, sin duda,
los miosotis.
Después de algunos minutos en silencio, ya no consigues
moverte por temor a pisarlos.

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