— Si me quedo dormida, me muero.
— ¿Por no doctorarte? No perderías mucho.
— Es increíble que un profesor hable así.
— Ya nadie sabe que puede estudiar solo. El que está en un aula donde hay un profesor, cree que estudia. Las universidades, que fueron ciudadelas del saber, se convirtieron en oficinas de expendio de patentes. Nada vale menos que un título universitario.

 

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