pensar es una tarea de pobres, una miserable revancha. Cuando estoy solo, no pienso. Sólo pienso cuando me obligan a hacerlo: las presiones, el pequeño examen que hay que preparar, las exigencias paternas, el oficio que habrá que sufrir, cualquier esfuerzo asalariado me llevan a pensar, es decir, a decidir matarme, lo que equivale a lo mismo. No existen treinta y seis maneras de pensar; pensar, es considerar la muerte y tomar una decisión. -En caso contrario, duermo-. ¡Elogio del sueño! No solamente el magnífico misterio de cada noche, también el imprevisible torpor. Compañeros de sueño, es junto a vosotros que imagino una existencia satisfactoria. Dormiremos detrás del chapoteo de nuestros cilindros, dormiremos con los esquís puestos, dormiremos ante las ciudades humeantes, en la sangre de los puertos, encima de los desiertos, dormiremos sobre el vientre de nuestras mujeres, dormiremos persiguiendo el conocimiento, armados de tubos de Crookes y de silogismos -los buscadores de sueño.
[…] 

 

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