No hay movimiento sin móvil, no hay movimiento sin referencia objetiva, no hay movimiento absoluto. No obstante, este pensamiento del movimiento es, de hecho, una negación del movimiento: distinguir rigurosamente el movimiento del móvil, o sea que, en rigor, el “móvil” no se mueve. Si la piedra-en-movimiento no es de alguna manera diferente de la piedra en reposo, nunca está en movimiento.

El movimiento es un hecho. La piedra no es pensada, sino vista. El movimiento habita, pues, la piedra.

 

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