Vuelta sobre sí misma, la mirada humana es, ay, tan sólo un triste desconcierto. Nada sabemos, nunca conoceremos, en el dolor presente o en el futuro ciego sólo hay algo que es cierto, cierto, cierto:
los sueños han perdido la batalla.

Que las ansias mínimas, tanto como las esperanzas principales, sistemáticamente han sido arruinadas. En el horizonte que nos queda igual faltan la rosa pequeña y el sol grande…

 

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