-Dejemos esto para luego -dijo-. La grandeza de todas las cosas sólo está en el arte. Es el misterio de la existencia colocado bajo nuestros ojos como carne de jabalí sobre una fuente, como algo tangible, entiendes, y no como un sistema de conceptos. Las cosas de las que tú hablas yo las creo como fenónemos casi materiales. Pero no las oigo en la orquesta -es terrible, y no solamente para mí. Alguien dijo que la música es un arte inferior porque son unos martillos que pegan sobre unas tripas de oveja y unos alambres, o bien una crin de caballo que se frota sobre las mismas tripas, o bien unos tubos ensalivados en los que se sopla. Ruido; el ruido es algo grande, pues ensordece, ciega, mata la voluntad y crea una verdadera furia dionisíaca en una dimensión abstracta más allá de la vida. Y sin embargo, existe, no es solamente una promesa del espíritu. El silencio es la muerte; la pintura, la escultura, permanecen en su lugar, son estáticas. En cuanto a la poesía y el teatro, son unos trozos pegados de diversos valores contaminados por la vida. Nunca te darán eso…

Se acercó a su Steinway querido, el único lujo que jamás se había permitido tras una tremenda pelea con su suegro, Johym Murzasichlánski, Wawrzek Nedza Kopyrtniak de Wawrzula y empezó a tocar (oh, cómo tocó). Parecía como si un estruendo de tripas humanas subterráneas se lanzase hacia el cielo, pero no hacia ese cielo terrestre, sino hacia el cielo universal de la nada, verdaderamente infinito y vacío, y desde allí, cayendo de unas nubes de tormenta metafísica, se hundiese en el fondo mismo del misterio que se arrastra, aplastado, inflamado, estéril. Las junturas del mundo crujían: a lo lejos resplandecía el apaciguamiento de la muerte, transformado en el sueño calmoso de una divinidad desconocida, destrozada sobre la rueda de las torturas sobredivinas: las de la compresión inmediata de la verdadera infinidad.

[…]

Tengier tocaba cada vez más tremendamente, cada vez más inaccesiblemente -sentía que había encontrado en ese engreído musicalmente inculto a un oyente adecuado. (Decía siempre: “Para entender mi música es preciso o bien un salvaje o bien un conocedor hiperultrarrefinado; lo intermedio que se vaya al diablo.” Desgraciadamente, toda la sociedad estaba “en lo intermedio”). No improvisaba, pues se trataba de una transcripción para piano de un poema sinfónico intitulado Diarrea de los dioses, compuesto un año antes. Dentro de su cartapacio de proyectos contaba con obras cien veces más terribles, casi intocables, no solamente demasiado difíciles para sus talentos de pianista, sino intocables en general, no desembrolladas y musicalmente indescifrables: él mismo las llamaba sus “inejecutables”. Sin embrago, uno de los esbozos empezaba a “cocinarse” como decía y la partitura se hinchaba poco a poco de extraños dibujos, de unos signos inquietantes que encerraban la potencialidad del rugido metafísico de una bestia solitaria en el abismo del mundo. Se interrumpió bruscamente y cerró violentamente la tapa de su único animal fiel. Se acercó a Genezyp, que se hallaba conmovido hasta en su transfondo bestial-metafísico, reducido a una especie de informe papilla humana. Dijo triunfalmente, bestialmente:

-El ruido…, el ruido infernal, matemáticamente organizado. Puede decirse todo cuanto se quiera de la superioridad de las creaciones inmóviles y silenciosas o de la plenitud de las artes complejas con su mermelada de elementos contradictorios; sin embargo, eso es lo más grande de todas las artes. Quisiera que todas las mujeres del mundo se humedecieran, pero aún no están lo bastante evolucionadas para ello. Ah. En algún lugar de California unas niñas están creciendo para mí, quizá estén aún en sus pañales como mi Ninon hace unos años. (Se dominó.) Musik ist höhere Offenbarung als jede Religion und Philosophie (La música es la revelación más alta que cualquier religión o filosofía). Ja Ja. Y lo dijo ese gran niño del siglo XVIII: Beethoven. Pero si escuchase lo que hago, vomitaría de asco. La carroña agoniza, pero yo soy el último de los últimos. La grandeza sólo está en la perversión.

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