En el periódico se habla de la ternura de los muertos, pero mi dentellada se hinca en la acinesia de los laureados.
Yo me llamo Iguanas Ranas y la vida injerta troncos en la aridez de mis asuntos.
Soplos de vida hurgan los versos que urdo, solsticios trémulos los habitan, sombrajes llenos de irisados cardos.
Mi palabra salta del corazón y al corazón se retacha. Piso fuerte sobre los cráneos de los laureados. Troto inalámbrico entre las zanjas de la belleza. Respiro profundo en el follaje de las Lauras. Flechas encuentro del granizo que las tuerce del agua gemida por la Tierra, del aguaje mi daga por latir, del aguaviento contra los portales que aguardan guaridas mohosas, contraesquinas póstumas, pianos nómadas
(Seamos pianos nómadas)

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