y todo por tan poco precio, señores, por tan poco precio.
Leopoldo María Panero

Tengo veintiséis años. Cualquier día de éstos
le diré a la nevera que hiele mis imágenes
para que no se pudran y no huelan a tiempo.

En el congelador no hay sitio ya, pero caben
-al lado de la carne, la leche y las verduras-
las palabras, cabemos tú y yo y la calle,

un cigarro de hierba, una ración de duda
razonable, el bar donde tomamos café,
la fe de Garcilaso, la noche azul de Judas.

Cabe este sucio ruido de ganar y perder
y una niña que baila aburridísima y sola.
Me pregunto si cabe la nostalgia también,

si cabe un fiat brava, tu ron con cocacola,
nuestra vida de lunes. ¿Y el dolor? ¿Y el odio?
¿Caben las malas intenciones, el pan, las sombras?

Me pregunto si hay allí un sitio para todo,
y si será bastante con congelar la vida,
porque sospecho que los días arden y el polvo

arde y no caben dos heridas en una herida.
Y si será posible detener para el mundo
este tiempo salvaje, y no perder la orilla,
y no amanecer nunca ni podridos ni absurdos.

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