Hay que ser muy valiente, con una valentía que no obtiene medallas, para oír el organillo de los burdeles y dominar las ganas.

Y más valiente todavía para jugarlo todo por un beso y hacer caldo de puercos la conciencia y esperpento de pájaros el miedo.

Lo que no requiere valentía es soñar con entrar en un convento.

Lo negativo del valor es quedarse sin ganas o con sueños.

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