La mirada, más órgano que el ojo

Si tuviera que ofrecer una definición de lo que es la música, lo primero que me relampaguea la mente sería decir que es la eterna denostada. La hermanastra poco agraciada de las Bellas Artes de la que más hablan hasta los afásicos. Lo segundo, que su sentido primario por el cual se conforma no es el oído sino la mirada.
Orfeo con su catábasis y sacrificio ulterior ejerció un delirio mesiánico a los seguidores de su empresa, el pecado original de sus discípulos es el olvido y esa mirada, la destructora que sólo conoce lo ya devorado por la retina, las últimas miradas pueden prescindir de todo resguardo, aquella que pierde lo que aprehende. El músico mira con los oídos y oye con los ojos diría Arthur Schnabel.
El músico, ese ser de dualidades, el yo que se fabrica continuamente en tercera persona y que si piensa en ese instante de otredad le es arrebatado el mirar órfico constituido por la caída como punto, asume el rol tanto de inmortal aprendiz como de artista autónomo; de teórico intelectivo y de músico práctico emotivo, pulsional y tocado por un ente divino; o como esa contradicción que sugiere Camus en su Jonás artista, ¿será solitario? ¿será solidario?
¿Será la música prostitución o expiación, peligrosa o terapéutica, popular o académica?Sempiterno oxímoron la música y el músico. No teman, herederos de Euterpe, si una
mañana la contradicción gradúa su vista pues son grandes, contienen multitudes

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