Ilusión óptica: Imagen mental engañosa provocada por una falsa percepción de la realidad debida a la interpretación errónea de los datos que perciben los sentidos.

Salón.

El sofá naranja es bruto y suave. Pincha con los plumajes clavados de otros animales que pasean por el lugar, suelen metamorfosear y cambiar de piel sobre él. El sofá adopta muchas posiciones, a veces más hundido, otras dibuja formas la tela que lo cubre. El olor del orín de los animales mojando el sofá es nauseabundo y amargo y  hace sangrar la nariz del único humano de la sala. Humano aburrido y cansado. Sentado sobre una silla metálica, ruidosa y fría. Sobre la mesa, también naranja, una nave espacial, con ella puedes acceder a mundos cómicos, eróticos, tristes, dramáticos o antropológicos. Es una nave a la que si le hablas te puede contestar todo lo que imagines… o menos. El suelo gris envuelve la atmósfera densa, es duro, con un formato poco predecible y manchas. Los dibujos que se vislumbran en esta parte de la casa tienden a la tristeza, a un pasado que sólo remite a fantasmas. Una gran columna a modo de pilar base del edificio estructura la estancia, parece rebotar el sonido en ella, el sonido del propio eco del humano aburrido y cansado. La soledad tiene forma cilíndrica. Poca luz. ¿Quién la necesita? Esa nave espacial situada en la mesa naranja la puede proporcionar con solo decirlo.

-Nave espacial, quiero luz.

-Sí, humano.

-Nave espacial, un video x.

-Conectando con videox.com

-Nave espacial, comida a domicilio.

-¿Qué especialidad pedir?

-Coprofagia.

Cocina.

La descripción es casi absurda puesto que no se utiliza, a estas alturas la alimentación ha llegado a una estilización soberana, el humano aburrido y cansado en su juventud era un carnívoro comprometido con la causa, con su primer novio se hizo maricón y vegetariano, era la moda, la ocasión de cambiar, la promesa de unos 40 kg menos, era bueno ser vegetariano porque las cacas salían por el ojete como una salchicha Frankfurt, duras y compactas, le dejó su novio y se hizo vegano, un paso más a su elaborada evolución, también en esa época se hizo bisexual, tras un periodo de promiscuidad se volvió gordo, viejo, calvo y con una picha floja y arrugada nada excitante que le hizo caer en la coprofagia, la cosa se había puesto tan de moda que era imposible no lograr éxito sexual con este nuevo cambio, además las ofertas si se compraba en un restaurante coprófago eran fuera de lo normal, descomunales, como las caquitas que echaba al váter en su época de fulgor fálico.

Lo único que tenía la cocina era una vitrocerámica limpia como la calva de un jubilado y una cafetera. La cafetera se encontraba pequeña, aburrida y cansada, como todo lo que habitaba la casa. Nuestro amigo el humano aburrido y cansado un día después de años y años de hibernación decidió hacerse un café, la excitación de hacer algo con las manos era tal que pensaba que se estaba ereccionando su miembro, para nada, solo era una ilusión óptica, se acercó poco a poco a la cafetera, cada vez más grande, abrió la tapa gris metálico y ¡hola! había otra vida además de la nave espacial en aquel lugar que difícilmente podría llamarse casa, una cucaracha le saludaba en una piscina. Ahora sí que el ser humano aburrido y cansado se sentía aburrido y cansado.

-Cucaracha, vete.

-…

-Cucaracha, vete.

-…

No sabía con qué modales hacerse entender, solo la nave espacial sabía entenderle bien…

Aseo.

El aseo tenía los artilugios de una sala de fiestas. Un trono le esperaba sucio y con pelos del culo en los alrededores de la tapa todos los días. El humano aburrido y cansado estaba ya hasta arriba de diazepam, la cucaracha de la cocina le había dado tal mal rato que le dio un apretón como un tsunami. Tenía una lavadora en el intestino grueso. Brum brum. Menudo zurullote…Al ser coprófago las cacas salían disecadas, tanto alimentarse de lo mismo hace que a uno se le quiten las ganas de hacer cualquier cosa por su cuenta. Cagar era más atractivo cuando lo hacía un especialista.

-Que caguen por mí.- decía con sus amigos virtuales.

Ah, amigos, bendita palabra. Los únicos amigos del aseo son la escobilla y el cepillo de dientes. Las toallas olían a rancio ligeramente, hacía mucho tiempo que no las lavaba, cree que desde la última vez que una mujer pisó el aseo, probablemente su madre. Le encantaba a nuestro humano aburrido y cansado, cansado y aburrido frotarse los dientecitos bien puestos gracias al aparato que le pagó su madre ahora muerta. Frotó y frotó. Era un cepillo de dientes estupendo.

-Ah.

Sacó el cepillo de dientes de la boca.

-Qué coño.

Era la cucaracha. Se había instalado entre las cerdas. Es curioso como para lo que un humano es un amigo para un animal es una cama.

Dormitorio.

Aunque la verdadera cama del humano cansado y aburrido la tenía en otra sala más amplia y con más luz. Le encantaba retozar ahí. Podía dormir horas y horas. Eso sí que era vida. La cama era enorme, como un estadio de fútbol, como una catedral gótica, como el sueño de un niño, como el dolor del parto, la cama era enorme y maravillosa, demasiado para él, siempre se preguntó cómo podía tener él una cama como ella, la vestía para la ocasión, a veces más extravagante, otras más castiza, otras más romántica, a ella le encantaba que la cubrieran con una manta de leopardo peludita, era lo más calentito que había conocido, un día, el humano aburrido y cansado sintió que la cama no quería que él se sentara sobre la manta de leopardo, que la arrugara, que pusiera sus pezuñas en su tacto sedoso, el humano sintió celos, unos celos tan fuertes que después de ir al baño a hacer otro zurullito por el estrés, cogió la bella manta de leopardo, lo más bello que había pasado por esa cama y la tiró a la basura.

No había cuadros ni espejos.

Armario.

Un armario. Un armario en el centro de la habitación donde se situaba la cama. En el armario multitud de elementos que el humano había dejado de utilizar. Calzoncillos, pantalones, camisas, camisetas, pijamas, cazadoras, abrigos, trajes, corbatas, pajaritas, zapatos…El humano aburrido y cansado se paseaba desnudo, ya no salía de su casa, utilizaba la nave espacial para todo. El armario no tiene ninguna relevancia en este relato.

Terraza.

Bien, retomando el hilo, tras el descubrimiento de la cucaracha en las cerdas del cepillo de dientes, el humano cansado y aburrido salió corriendo. Se tiró por la terraza.

Estudio.

Aquí me hallo, en el estudio, escribiendo, todo ha sido divertido, la silla es metálica, ruidosa y fría. Sobre la mesa, también naranja, una nave espacial, con ella puedes acceder a mundos cómicos, eróticos, tristes, dramáticos o antropológicos. Es una nave a la que si le hablas te puede contestar todo lo que imagines o menos. El suelo gris envuelve la atmósfera densa, es duro, con un formato poco predecible y manchas. Los dibujos que se vislumbran en esta parte de la casa tienden a la tristeza, a un pasado que sólo remite a fantasmas. Una gran columna a modo de pilar base del edificio estructura la estancia, parece rebotar el sonido en ella, el sonido del propio eco del humano aburrido y cansado. La soledad tiene forma cilíndrica. Poca luz. ¿Quién la necesita? Esa nave espacial situada en la mesa naranja la puede proporcionar con solo decirlo.

-Nave espacial, quiero luz.

-Sí, humano.

-Nave espacial, un video x.

-Conectando con videox.com

-Nave espacial, comida a domicilio.

-¿Qué especialidad pedir?

-Coprofagia.

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