He aquí lo que veo y lo que me perturba. Miro a todas partes y en todas no veo sino oscuridad. La naturaleza no me ofrece nada que no sea materia de duda y de inquietud. Si no viera en ella nada que denotara una divinidad, me determinaría por la negativa; si viera por doquier señales de un creador, descansaría en paz en la fe. Pero como veo demasiado para negar y demasiado poco para estar seguro, me encuentro en un estado lamentable y en el cual he deseado cien veces que si un dios la sostiene, lo señale sin equívoco, y que si las señales que de ello da son engañosas, las suprima completamente; que la naturaleza diga todo o nada, a fin de que yo vea el partido que debo seguir. Mientras que en el estado en que me encuentro, ignorando lo que soy y lo que debo hacer, no conozco ni mi condición ni mi deber. Mi corazón tiende todo entero a conocer dónde está el verdadero bien para seguirlo; nada me sería tan caro para la eternidad.

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