Me encantaría ser más normal pero al final acabo siendo puramente inaccesible. Hayo paz entre los muertos del día siguiente, es difícil explicar. Ójala y fuera más normal. Ójala y el amanecer no me supiera a humo, ¿por qué cuando eres un muerto ya no te respetan ni los coches en un paso de cebra?. El amanecer, por lo menos, sirve para escribir, es fácil, digamos que duele menos decir la verdad cuando te rodeas de muertos.

Pero me encantaría poder ser más normal, no tener que hablar de Bach, ni de Schubert, ni tener que recordarte, simplemente poder amarte como en los boleros.

 

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me podría atropellar una bandada de ciclistas.

te gusto como te podría gustar un perro.

al final la noche pasa y la luz nos llega a todos.

sólo que sin mácula, sin amor.

1 verano, 60 cigarros.

Time takes a cigarette.

El tiempo me ha delatado con un carácter autodestructor. Podría decirse que me has salvado durante unos años de la vida y todo lo que ello conlleva, aunque me condenaste al aburrimiento más romántico, bendito aburrimiento. Ahora que he abierto los ojos, que puedo decirme que me hiciste daño y que no quiero sufrir más, ahora que veo en hechos que tú jamás me quisiste como parecía, vuelvo a las andadas, vuelvo a fumar, vuelvo a beber y vuelvo a no desear a nadie, vuelvo a querer estar maldiciéndolo todo, vuelvo a perderme. El ascenso y la caída de Ziggy Stardust podría ser la historia de mi vida, al fin y al cabo siempre he fumado para celebrar una derrota,

hay que saber perder.

¿Qué te diré cuando nos encontremos? Sin embargo… acostada aquí pienso en tí.

La mancha del amor está sobre el mundo. Amarilla, amarilla, amarilla, roe dentro de las hojas, unta con azafrán las puntiagudas ramas que se inclinan pesadamente contra el liso cielo rojo.

No hay luz, sólo una espesa mancha de miel que gotea hoja a hoja y de rama a rama empañando los colores del mundo entero.

Estoy sola, y el peso del amor me ha sostenido hasta que mi cabeza choca contra el cielo.

¡Mírame! De mi cabello gotea néctar, que los estorninos se llevan sobre sus negras alas. Mírame, finalmente mis brazos y mis manos están ociosos.

¿Cómo puedo afirmar si te amaré de nuevo como te amo ahora?


 

 

What have I to say to you
When we shall meet?
Yet—
I lie here thinking of you.

The stain of love
Is upon the world.
Yellow, yellow, yellow,
It eats into the leaves,
Smears with saffron
The horned branches that lean
Heavily
Against a smooth purple sky.

There is no light—
Only a honey-thick stain
That drips from leaf to leaf
And limb to limb
Spoiling the colours
Of the whole world.

I am alone.
The weight of love
Has buoyed me up
Till my head
Knocks against the sky.

See me!
My hair is dripping with nectar—
Starlings carry it
On their black wings.
See, at last
My arms and my hands
Are lying idle.

How can I tell
If I shall ever love you again
As I do now?

 

El arte de perder se domina fácilmente; tantas cosas parecen decididas a extraviarse que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano. El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido: lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar. Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue la última o la penúltima de mis tres casas amadas. El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más: algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente. Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente, así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

Que cuando se tiende a la normalidad, se tiende a la risa, a la mediocridad y se acaban los poemas y el mirarse como si hubieran tesoros que leer y plenas intimidades sin cerrar.

Entra, calor de la poesía, ¿qué importa que mires el mar, desaparezcas?

Juguemos a cartas chinescas.

Sentí un funeral en mi cerebro, los deudos iban y venían arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció que el sentido se quebraba totalmente –

y cuando todos estuvieron sentados, una liturgia, como un tambor – comenzó a batir -a batir -hasta que pensé que mi mente se volvía muda –

y luego los oí levantar el cajón y crujió a través de mi alma con los mismos botines de plomo, de nuevo, el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas y existir, sólo una oreja, y yo, y el silencio, alguna extraña raza naufragada, solitaria, aquí –

y luego un vacío en la razón, se quebró, caí, y caí – y di con un mundo, en cada zambullida, y terminé sabiendo -entonces –

No sé cómo será en otras partes pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras, violines, ternura, transistores, diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo, pero por algún motivo no hay pinturas, cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lagrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores. Algunos te pueden gustar especialmente, puedes llamarlos a tu manera, y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así, aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios, aquí tengas un torso separado y con él los instrumentos necesarios para añadir los propios a los niños de otros. Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo, todo el tiempo cuenta, compara, mide, saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.

Aquí no hay nada duradero, porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos. Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido y a veces tienen que descansar mucho hasta la próxima vez. Y sé qué más estás pensando.

Guerras, guerras, guerras.

Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas. Firmes -la gente es mala. Descansen -la gente es buena. A la voz de firmes se produce devastación. A la voz de descansen se construyen casas sin descanso y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata. Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. Por poseer un cuerpo se paga con el cuerpo. Y por si eso fuera poco, giras sin billete en un carrusel de planetas y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias, en unos tiempos tan vertiginosos que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien: la mesa está donde estaba, en la mesa una carta, colocada como estaba, a través de la ventana un soplo solamente de aire, y en las paredes ninguna terrorífica fisura por la que el viento se te lleve a ninguna parte.