No, tú no me entiendes, te interesó entenderme.

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no sé por qué aún pierdes la cabeza por mí.

“Es simpático, divertido, me hace reír…”, dicen las chicas.

“Me dan asco las mujeres normales”, digo yo. Ella es a la que critican, a la que envidian y acusan las otras mujeres, a la que desean los otros hombres.

“Búscame en los bares o no busques”, dice ella.

Qué descanso le queda cuando desnuda en mi cama ha logrado mi atención y maldice sus tacones, por mí nunca tuvo que recorrer tantos kilómetros, por mí ni sus pies ni su corazón dolieron como los de las otras.

 

No sé cómo será en otras partes pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras, violines, ternura, transistores, diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo, pero por algún motivo no hay pinturas, cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lagrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores. Algunos te pueden gustar especialmente, puedes llamarlos a tu manera, y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así, aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios, aquí tengas un torso separado y con él los instrumentos necesarios para añadir los propios a los niños de otros. Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo, todo el tiempo cuenta, compara, mide, saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.

Aquí no hay nada duradero, porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos. Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido y a veces tienen que descansar mucho hasta la próxima vez. Y sé qué más estás pensando.

Guerras, guerras, guerras.

Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas. Firmes -la gente es mala. Descansen -la gente es buena. A la voz de firmes se produce devastación. A la voz de descansen se construyen casas sin descanso y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata. Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. Por poseer un cuerpo se paga con el cuerpo. Y por si eso fuera poco, giras sin billete en un carrusel de planetas y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias, en unos tiempos tan vertiginosos que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien: la mesa está donde estaba, en la mesa una carta, colocada como estaba, a través de la ventana un soplo solamente de aire, y en las paredes ninguna terrorífica fisura por la que el viento se te lleve a ninguna parte.

vo(l)tarem

Las libertades sólo prosperan en un cuerpo social enfermo: tolerancia e impotencia son sinónimos.  Esto es tan patente en política como en todo. Cuando comprendí esta verdad, la tierra se me abrió bajo los pies. Todavía ahora, de nada me vale exclamar «formas parte de una sociedad de hombres libres»;  el orgullo que siento viene acompañado siempre por un sentimiento de espanto y de inanidad, producto de mi terrible certeza.

pink moon (and keyboard)

rubita69@hotmail.com y la palma de tu mano nunca te fallan. Te maravilla la lefa en el teclado. La guarra se ha hecho de rogar para enseñar las tetas. Jamás querría a esa puta de pareja. Niñata de 16. Y es que soy muy liberal pero no con mi novia.
por cierto me voy del messenger que ya está la cena.

Joder, ójala y todas las tías que conozco me chuparan la polla, qué coño, y los tíos.

Pequeñas virtudes.

yo sabía qué sería y no sería. Ponerse cachonda con un roce. Joder, una guarrada sin tí. Tú y dos sois la utopía, necesaria para aquél que sabe a amor y no necesariamente a aquél que sabe a boca. Es fácil, demasiado. Varios me lo harían. Y no. Jamás me enamoré del sonido de la saliva como tú ni del tema. Ambos supimos lo de la utopia, que nos encantaba al igual que el puto Antonio Vega. Ambos sois plurales porque coincidís en infidelidades, absurdas, también yo. Yo soy esa. Ponerse cachonda sin tí. Ójala y tú me llenaras entera. Que me he vuelto animal por tí. Que el peligro eres tú. A ver si te enteras.

Don Curro. Calle Alameda. Queda bonito decir estrellas pero digo dolor, también digo mierda. Don Curro espera sueños de esperanzas lluviosas aquél día de octubre, aquél día que nos conocimos. De verdad. Como dice mi amigo al que le recuerdo a Hemingway. Siempre se queda el atún fuera del sandwich y siempre se dice que Dylan era un literato, en cambio, lloro con Sexton, canto con Whitman.

Las cosas son inamovibles porque se prefieren así.
No llores por lo que pasó, ya de poco vale hoy, confórmate con no caer en los antiguos errores.

Todos aquellos que te hagan sentir mal que se vayan al diablo.

No intentes entender a nadie, tú mismo siempre serás tu único amigo y enemigo porque sólo tú eres el único que te conoces, y la mayor parte del tiempo ni eso.

Nadie puede por ello limitarte, no lo hagas contigo.

Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, sólo un momento, en que somos conscientes de que somos genios o enamorados. La cuestión es sencilla, ridícula. O una cosa u otra, imposible ambas. Y cuando ese momento llega tenemos la vaga certeza de que arrastraremos nuestra carga, sea la que fuere, hasta el final de los días. Yo superé ya el momento. Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aun, sé que el momento del amor se escurrió entre mis dedos para siempre. Así, ni tengo nada ni espero nada.