Porque todo es igual y tú lo sabes, has llegado a tu casa y has cerrado la puerta con aquel mismo gesto con que se tira un día, con que se quita la hoja atrasada al calendario cuando todo es igual y tú lo sabes.

Has llegado a tu casa, y, al entrar, has sentido la extrañeza de tus pasos que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras, y encendiste la luz, para volver a comprobar que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año, y después, te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida, y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas, y te has sentido solo, humanamente solo, definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

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Era bajo y delgado, andaba con un paso leve como si el cuerpo no lo perturbara. La joven de la portería de la pensión de Catete, transportada en éxtasis, dijo de él: «¡El maravilloso poder de expresar sus sentimientos por la música!».
Él tocaba de noche, cuando los huéspedes dejaban más vacío el salón. Debía de haber tocado en tiempos idos razonablemente bien, en cuanto a la técnica. En cuanto a «sus sentimientos» no podían expresarse por la música más que en dos variantes primarias: o el pianissimo, o el fortissimo. Pasaba de uno al otro sin aviso, lo que en verdad expresaba los sentimientos primarios de la joven de la portería. En cuanto a los suyos propios, tal vez esas dos únicas variaciones indicaran sólo una gama pobre o monótona de emociones. Aun en cuanto a su físico, su traje llegó por error a otro cuarto, fue como si todo él estuviera colgado del perchero —un hombro más alto que el otro, hombros que no eran estrechos sino de algún modo discretos o tímidos. No fue difícil adivinar que el traje no era suyo. «¿Del extranjero?», preguntaron. «¿Es extranjero?», retrucaron con una pregunta. No lo era.
Olvidé decir que parecía albino. Y era miope: de ahí, tal vez, indirectamente, sólo poder tocar pianissimo o fortissimo, como si sólo en el contraste brutal él viera. Yo lo conocí, y fue un hombre que casi se mató. Pero no se mató. Tal vez había encontrado un término medio entre el pianissimo y el fortissimo. Como la mayoría de las personas.

Para rehacerme y rehacerte vuelvo a mi estado de jardín y de sombra, fresca realidad, apenas existo y si existo es con un delicado cuidado. Alrededor de la sombra hace un calor de sudor abundante. Estoy viva. Pero siento que aún no he alcanzado mis límites, ¿fronteras con qué?, sin fronteras, la aventura de la libertad peligrosa. Pero me arriesgo, vivo arriesgándome. Estoy llena de acacias que se balancean, amarillas, y yo que apenas he comenzado mi jornada, la empiezo con un sentido de tragedia, adivinando hacia qué océano perdido van mis pasos de vida. Y locamente me apodero de los desvanes de mí, mis desvaríos me asfixian de tanta belleza. Yo soy antes, yo soy casi, yo soy nunca. Y todo eso lo he obtenido al dejar de amarte.

No es siempre a todos apreciable y caro lo que al sentido tienta mientras alguien lo sienta aun si es muy dulce, pésimo y amargo.

El buen gusto es tan raro que a la opinión del vulgo errante cede quien a solas lo goza sin embargo. Así yo pierdo, avaro, a quien saber no puede de un alma triste ayes y dolores.

El mundo es ciego y da lauros y honores a aquel que menos digno se revele, cual látigo que al par enseña y duele.


 

Non sempre a tutti è si pregiato e caro

quel che ´l senso contenta,

c´un sol non sia che´l senta,

se ben par dolce, pessimo e amaro.

Il buon gusto è sì raro

c´al vulgo errante cede

in vista, allor che dentro di sè gode.

Così, perdendo, imparo

quel che di four non vede

chi l´alma ha trista, e´suo sospir non ode.

El mondo è cieco e di suo gradi o lode

più giova a chi più sacarso esser ne vuole,

come sferza che ´nsegna e parte duole.

 

No creas que esto se me olvidará. Ya no es tiempo. No entendiste lo que soy, yo soy amor, soy placer, soy esencia, soy pendeja, soy alcohólica, soy tenaz, soy pintora. Soy, simplemente soy. Y tu qué cosa eres, qué tengo que hacer ante tus ofensas. Seguir como imbécil creyéndote tus pendejadas y aceptar que tu eres un dios. Eres un dios, pretendiendo ser un dios pagano. Quédate con toda tu vida de porquería, eres una mierda.