<<El Conócete a ti mismo del filósofo griego debería seguir siendo una preocupación perpetua para los intérpretes de la música. La tradición estereotipada de una obra maestra cede el paso, en mi opinión, al impulso vivificante que le imprime la traducción de un sentimiento valientemente expresado […]

La música debe vivir en nosotros. Ella debe reflejarnos. No puede sino reflejarnos. No es sino el espejo en el que inscribimos nuestra imagen. Nuestro arte tiene eso de maravilloso que nos permite recrear una belleza, si no muerta, por lo menos adormecida entre las líneas de los pentagramas.>>

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