La mejor solución: responder a los deseos de las masas eligiendo al cargo supremo a la persona más apta para representarlas: un hombre capaz de escuchar la voz del pueblo, conocer sus aspiraciones y anhelos, identificarse plenamente con él. De decir: yo soy el pueblo, y dialogar con él, consigo, en el espejo; de eliminar todo asomo de contradicción entre ambos gracias a la exclusión de cualquier tipo de instancias intermedias, de asumir su yo infinito, multitudinario, y asegurar sin complejos su progreso y felicidad.

En consecuencia: comer, tragar, beber, engordar, extender los límites corporales al último agujero del cinturón y luego romperlo: ¡una gran victoria de masas! Acumular los pliegues de grasa en la sotobarba, estómago, nalgas, muslos, abdomen, caderas: ¡nuevas conquistas populares! Desenvolverse cada vez más, ganar en volumen y circunferencia, perder de vista la parte inferior a la ingle a causa del diámetro increíble del cuerpo: ¡otros tantos éxitos de la plebe, motivo gozoso de fiestas y regocijos! Dilatarse como un globo aerostático, crecer, establecer nuevos planes de desarrollo y expansión, rebasar metas tenidas por imposibles, escuchar las aclamaciones del gentío, los gritos de Macho, Padrote, Caudillo, Comandante en Jefe, Guía Supremo, Benefactor. Emitir eructos entre las barbas, descifrar la voluntad soberana en las propias ventosidades y borborigmos. Pesarse regularmente en público y comprobar que el pilón adjunto al brazo mayor de la romana sube al tope en medio de los aplausos y las ovaciones de la multitud enfebrecida.

lautrec in bed

Tratemos de ser felices, recomiendo yo, chupando la miserable costilla humana.

Extraigamos de ella el líquido renovador,cada cual de acuerdo con sus inclinaciones personales.

¡Aferrémonos a esta piltrafa divina!

Jadeantes y tremebundos chupemos estos labios que nos enloquecen; la suerte está echada.
Aspiremos este perfume enervador y destructor y vivamos un día más la vida de los elegidos: de sus axilas extrae el hombre la cera necesaria para forjar el rostro de sus ídolos. Y del sexo de la mujer la paja y el barro de sus templos.

Por todo lo cual cultivo un piojo en mi corbata y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.

Los soñadores sueñan del cuello para arriba, con los cuerpos firmemente atados a la silla eléctrica. Imaginar un nuevo mundo es vivirlo diariamente: cada pensamiento, cada mirada, cada paso, cada gesto mata, recrea, y la muerte siempre está un paso por delante.  Escupir sobre el pasado no es suficiente. Uno debe actuar como si el pasado estuviera muerto y el futuro fuera irrealizable. Uno debe actuar como si el próximo paso fuera el último, puesto que lo es. Cada paso adelante es el último y con él muere un mundo, incluido uno mismo. Estamos aquí los de la interminable tierra, con el pasado que nunca cesa, el futuro que nunca empieza, el presente que nunca acaba.

Las discusiones eran siempre las mismas. Entonces lo comprendí muy bien —los grandes amantes eran siempre hombres ociosos. Yo follaba mejor siendo un vagabundo desocupado que siendo un salta-cronómetros.

Jan comenzó su contraataque, que consistía en discutir conmigo, enfurecerme y luego salir corriendo por las calles y más tarde entrar en los bares. Todo lo que tenía que hacer era sentarse sola en la barra y las bebidas, las ofertas, venían rápido. A mí no me pareció que eso fuese honesto por su parte, naturalmente.

La mayoría de las noches se repetía la misma canción. Ella me gritaba, agarraba su bolso y se largaba pegando un portazo. Era efectivo; habíamos vivido juntos y nos habíamos amado durante mucho tiempo, tenía que afectarme y me afectaba. Pero siempre la dejaba irse y me sentaba sin remedio en mi silla bebiendo mi whisky y conectaba la radio para escuchar un poco de música clásica.

Sabía que ella estaba ahí fuera, y sabía que alguien más estaría con ella, pero tenía que dejar que ocurriera, tenía que dejar que las cosas siguiesen su propio curso. Pero cierta noche, estaba ahí sentado cuando algo se quebró en mi interior, pude sentir como se quebraba, algo se agitó y creció dentro de mí y entonces me levanté y bajé los cuatro pisos de escaleras hasta la calle. Bajé por la Tercera y Unión Street hasta la Sexta y luego seguí por la Sexta hasta Alvarado. Pasé por las puertas de los bares y supe que estaba en uno de ellos. Tuve una intuición, entré en uno y allí estaba Jan sentada al fondo de la barra. Llevaba un pañuelo de seda verde y blanco extendido en bandolera. Estaba sentada entre un hombre flaco con una gran verruga en la nariz y otro que era una pequeña joroba de carne amontonada con gafas vestido con un viejo traje negro.
Jan me vio llegar. Alzó su cabeza y a pesar de la penumbra del bar la vi palidecer. Me acerqué hasta ponerme detrás de ella, pegado a su taburete.
— ¡Traté de hacer de ti una mujer, pero nunca serás otra cosa que una maldita puta!
La pegué una bofetada del revés y la tiré de la banqueta. Cayó con dureza al suelo y se puso a chillar. Cogí su bebida y me la acabé. Luego me fui tranquilamente caminando hacia la salida. Cuando llegué allí, me di la vuelta.
— Ahora, si hay alguien, aquí… al que no le guste lo que acabo de hacer… sólo tiene que decirlo.
No hubo respuesta. Supuse que les había gustado lo que acababa de hacer. Fui caminando de regreso por la calle Alvarado.

I SHALL foot it
Down the roadway in the dusk,
Where shapes of hunger wander
And the fugitives of pain go by.
I shall foot it
In the silence of the morning,
See the night slur into dawn,
Hear the slow great winds arise
Where tall trees flank the way
And shoulder toward the sky.

The broken boulders by the road
Shall not commemorate my ruin.
Regret shall be the gravel under foot.
I shall watch for
Slim birds swift of wing
That go where wind and ranks of thunder
Drive the wild processionals of rain.

The dust of the traveled road
Shall touch my hands and face.


He de recorrer la senda del crepúsculo por donde vagan las sombras del hambre y transitan los fugitivos del dolor.
He de recorrerla en el silencio de la mañana, y ver la noche tornarse alba, oír alzarse lentos los vientos poderosos allí donde son altos los árboles que flanquean el camino y sostienen el cielo.

Los pedruscos rotos a ambas orillas no vendrán a conmemorar mi ruina. Será el pesar la gravilla que triture. Buscaré en el cielo esbeltas aves de ala rápida que vuelan donde el viento y las filas de truenos conducen las salvajes procesiones de lluvia.

El polvo del camino recorrido me manchará las manos y la cara.