te levantas con tu sonrisa de boca de jarra y tu risa encendida que contempla un espejo en el agua pero te acuestas con la silente voz de tu alma y tu corazón desnudo, tus ojos como almendras delatan la ausencia de sueño sobre tu lecho desierto

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El sujeto depresivo-narcisista no es capaz de ninguna conclusión. Y sin conclusión todo se derrama y se esfuma. Así, este sujeto no tiene ninguna imagen estable de sí mismo, que es también una forma de conclusión. No es casual que los síntomas de la depresión incluyan la indecisión, la incapacidad de resolución. La depresión es característica de un tiempo en el que, por el exceso de abrir y deslimitar, se ha perdido la capacidad de cerrar, de concluir. Desaprendemos el morir, porque no somos capaces de concluir la vida. También el sujeto del rendimiento es incapaz de cierre, de conclusión. Se rompe bajo la coacción de tener que producir cada vez más.

No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte. No hacen honor a sus vidas, las mean encima. Las cagan. Estúpidos gilipollas. Se concentran demasiado en follar, ir al cine, el dinero, la familia, follar. Sus mentes están llenas de algodón. Se tragan a Dios sin pensar, se tragan la patria sin pensar. Muy pronto se olvidan de cómo pensar, dejan que otros piensen por ellos. Sus cerebros están rellenos de algodón. Son feos, hablan feo, caminan feo. Ponles la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir.

Amar es una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda; es un querer saber todo lo tuyo y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras, y pretender seguir tu pensamiento cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta, una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho sueñas entre mis brazos que te ciñen, y odiar el sueño en que, bajo tu frente, acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho, hasta colmar la oreja codiciosa, el rumor de tu sangre y la marea de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia y juntar nuestras bocas en un cauce hasta que de la brisa de tu aliento se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda, una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante en que tu piel busca mi piel despierta; saciar a un tiempo la avidez nocturna y morir otra vez la misma muerte provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga que arde sin consumirse ni cerrarse, y el hambre de una boca atormentada que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos, dejar que el sueño invada nuestro cuerpo como un río de olvido y de tinieblas, y navegar sin rumbo, a la deriva:

porque amar es, al fin, una indolencia.

Era bajo y delgado, andaba con un paso leve como si el cuerpo no lo perturbara. La joven de la portería de la pensión de Catete, transportada en éxtasis, dijo de él: «¡El maravilloso poder de expresar sus sentimientos por la música!».
Él tocaba de noche, cuando los huéspedes dejaban más vacío el salón. Debía de haber tocado en tiempos idos razonablemente bien, en cuanto a la técnica. En cuanto a «sus sentimientos» no podían expresarse por la música más que en dos variantes primarias: o el pianissimo, o el fortissimo. Pasaba de uno al otro sin aviso, lo que en verdad expresaba los sentimientos primarios de la joven de la portería. En cuanto a los suyos propios, tal vez esas dos únicas variaciones indicaran sólo una gama pobre o monótona de emociones. Aun en cuanto a su físico, su traje llegó por error a otro cuarto, fue como si todo él estuviera colgado del perchero —un hombro más alto que el otro, hombros que no eran estrechos sino de algún modo discretos o tímidos. No fue difícil adivinar que el traje no era suyo. «¿Del extranjero?», preguntaron. «¿Es extranjero?», retrucaron con una pregunta. No lo era.
Olvidé decir que parecía albino. Y era miope: de ahí, tal vez, indirectamente, sólo poder tocar pianissimo o fortissimo, como si sólo en el contraste brutal él viera. Yo lo conocí, y fue un hombre que casi se mató. Pero no se mató. Tal vez había encontrado un término medio entre el pianissimo y el fortissimo. Como la mayoría de las personas.

Viviremos, amada día, sin ninguna ironía, y nos compraremos tal vez unos canarios, me gusta cuando vas desnuda a coger el teléfono, hay pocos que amen y menos aún que se entreguen.

Al cabo de unas horas el cielo está casi rojo, nuestra mirada resbala y sucumbe y a veces nuestros cuerpos se remueven, no hay en realidad más camino conocido, suceden cosas totalmente indecibles.

Yo no he sido nunca lúcido del todo, no me gusta el ruido y tengo horror al vacío, la entrega total de uno mismo es un estado furtivo, incierto; en cualquier caso, es un placer muy vivo.

Y la fascinación es una segunda vida; existe otra vida que atraviesa el mundo; algunos seres amándose hicieron temblar la tierra, otros van al amor como quien va al mar.

Y cuanto más te conozco, más fijo la mirada.


Nous vivrons mon aimée sans aucune ironie, et nous achèterons peut-être des canaries. J´aime quand tu vas nue répondre au téléphone, Il y en a peu qui aiment et très peu qui se donnent.

Au bout de quelques heures le ciel est presque rouge, nos regards glissent et meurent et parfois nos corps bougent, Il n´y a plus vraiment de parcours prévisible, Il se passe des choses totalement indicibles.

Je n´ai jamais été parfaitement lucide, Je n´aime pas le bruit et j´ai horreur du vide, le don total de soi est un état furtif, incertain; toutefois, c´est un plaisir très vif.

Et la fascination est une vie seconde; Il y a une autre vie qui traverse le monde; certains êtres en s´aimant ont fait trembler la terre, d´autres vont à l´amour comme on va à la mer.

Et plus je te connais, plus mon regard est fixe.

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Un Adán sin Eva no es gran cosa, suspiraba Adán delante de la programación erótica de TF1. Habría debido casarse, tener críos o algo; por muy buenos que sean los perros, un perro sólo es un perro.


Un Adam sans Ève, ce n´est pas grand-chose, soupirait Adam devant l´emission érotique de TF1. Il aurait dû se marier, avoir des gosses ou quelque chose; les chiens ont beau être gentils, un chien reste un chien.

Si ustedes supieran qué diferente está esta noche. Son las tres de la madrugada, tengo uno de mis insomnios. Bebí una taza de café, ya que en realidad no iba a dormir. Le puse demasiado azúcar y el café quedó horrible. Oigo el ruido de las olas del mar rompiéndose en la playa. Esta noche está diferente porque, mientras duermen, estoy conversando con ustedes. Interrumpo, voy a la terraza, miro la calle y la franja de playa y el mar. Está oscuro. Tan oscuro. Pienso en personas que me gustan: todas están durmiendo o divirtiéndose. Es posible que algunas estén tomando whisky. Mi café entonces se transforma en más dulzón aún, en más imposible aún. Y la oscuridad se vuelve mayor. Estoy cayendo en una tristeza sin dolor. No es malo. Forma parte. Mañana probablemente tendré alguna alegría, también sin grandes éxtasis, sólo alegría, y eso tampoco es malo. Sí, pero no me está gustando mucho este pacto con la mediocridad de vivir.