Sentí un funeral en mi cerebro, los deudos iban y venían arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció que el sentido se quebraba totalmente –

y cuando todos estuvieron sentados, una liturgia, como un tambor – comenzó a batir -a batir -hasta que pensé que mi mente se volvía muda –

y luego los oí levantar el cajón y crujió a través de mi alma con los mismos botines de plomo, de nuevo, el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas y existir, sólo una oreja, y yo, y el silencio, alguna extraña raza naufragada, solitaria, aquí –

y luego un vacío en la razón, se quebró, caí, y caí – y di con un mundo, en cada zambullida, y terminé sabiendo -entonces –

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Lejos de la felicidad.

Sumirse en un estado que se asemeja a la desesperación, sin lograr no obstante alcanzarla.

Una vida a la vez complicada y sin interés.

Desvinculado del mundo.

Los paisajes inútiles del silencio.

Un amor. Uno solo. Violento y definitivo. Hecho pedazos.

La gente está desencantada.

Todo aquello que tiene en su naturaleza surgir, tiene en su naturaleza cesar. Sí. ¿Y qué? Yo la amé. La amo. Desde el primer momento ese amor fue perfecto, completo. En realidad no se puede decir que el amor aparezca; más bien, se manifiesta. Si se cree en la reencarnación, el fenómeno resulta explicable. La alegría de reencontrarse con alguien que ya conocemos, que siempre hemos conocido, desde siempre, en una infinidad de encarnaciones anteriores.

Si no se cree, es un misterio.

Yo no creo en la reencarnación. O, más bien, no lo quiero saber.

Perder el amor es también perderse a uno mismo. La personalidad se esfuma. No nos quedan ni las ganas, no contemplamos ya siquiera lo de tener una personalidad. Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento.

Lo mismo es, con diferentes modalidades, perder el mundo. El vínculo se rompe de inmediato, desde el primer segundo. El universo nos es, al principio, extraño. Luego, poco a poco, se vuelve hostil. También él es sufrimiento. No hay más que sufrimiento.

Y siempre esperamos algo.

El conocimiento no entraña sufrimiento. No podría de ninguna manera. Es, con exactitud, insignificante. Por las mismas razones, tampoco puede entrañar felicidad. Todo lo que puede entrañar es cierto consuelo. Y ese consuelo, muy débil al principio, se vuelve poco a poco nulo.

En conclusión, no he podido descubrir ninguna razón para buscar el conocimiento.

Imposibilidad repentina -y aparentemente definitiva- de interesarse por cualquier asunto político.

Todo lo que no sea puramente afectivo deviene insignificante. Adiós a la razón. Ya no hay cabeza. Sólo corazón.

 

no sé por qué aún pierdes la cabeza por mí.

“Es simpático, divertido, me hace reír…”, dicen las chicas.

“Me dan asco las mujeres normales”, digo yo. Ella es a la que critican, a la que envidian y acusan las otras mujeres, a la que desean los otros hombres.

“Búscame en los bares o no busques”, dice ella.

Qué descanso le queda cuando desnuda en mi cama ha logrado mi atención y maldice sus tacones, por mí nunca tuvo que recorrer tantos kilómetros, por mí ni sus pies ni su corazón dolieron como los de las otras.

 

No sé cómo será en otras partes pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras, violines, ternura, transistores, diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo, pero por algún motivo no hay pinturas, cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lagrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores. Algunos te pueden gustar especialmente, puedes llamarlos a tu manera, y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así, aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios, aquí tengas un torso separado y con él los instrumentos necesarios para añadir los propios a los niños de otros. Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo, todo el tiempo cuenta, compara, mide, saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.

Aquí no hay nada duradero, porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos. Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido y a veces tienen que descansar mucho hasta la próxima vez. Y sé qué más estás pensando.

Guerras, guerras, guerras.

Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas. Firmes -la gente es mala. Descansen -la gente es buena. A la voz de firmes se produce devastación. A la voz de descansen se construyen casas sin descanso y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata. Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. Por poseer un cuerpo se paga con el cuerpo. Y por si eso fuera poco, giras sin billete en un carrusel de planetas y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias, en unos tiempos tan vertiginosos que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien: la mesa está donde estaba, en la mesa una carta, colocada como estaba, a través de la ventana un soplo solamente de aire, y en las paredes ninguna terrorífica fisura por la que el viento se te lleve a ninguna parte.

vo(l)tarem

Las libertades sólo prosperan en un cuerpo social enfermo: tolerancia e impotencia son sinónimos.  Esto es tan patente en política como en todo. Cuando comprendí esta verdad, la tierra se me abrió bajo los pies. Todavía ahora, de nada me vale exclamar «formas parte de una sociedad de hombres libres»;  el orgullo que siento viene acompañado siempre por un sentimiento de espanto y de inanidad, producto de mi terrible certeza.

pink moon (and keyboard)

rubita69@hotmail.com y la palma de tu mano nunca te fallan. Te maravilla la lefa en el teclado. La guarra se ha hecho de rogar para enseñar las tetas. Jamás querría a esa puta de pareja. Niñata de 16. Y es que soy muy liberal pero no con mi novia.
por cierto me voy del messenger que ya está la cena.

Joder, ójala y todas las tías que conozco me chuparan la polla, qué coño, y los tíos.

Pequeñas virtudes.

yo sabía qué sería y no sería. Ponerse cachonda con un roce. Joder, una guarrada sin tí. Tú y dos sois la utopía, necesaria para aquél que sabe a amor y no necesariamente a aquél que sabe a boca. Es fácil, demasiado. Varios me lo harían. Y no. Jamás me enamoré del sonido de la saliva como tú ni del tema. Ambos supimos lo de la utopia, que nos encantaba al igual que el puto Antonio Vega. Ambos sois plurales porque coincidís en infidelidades, absurdas, también yo. Yo soy esa. Ponerse cachonda sin tí. Ójala y tú me llenaras entera. Que me he vuelto animal por tí. Que el peligro eres tú. A ver si te enteras.