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La gran excusa de nuestra mediocridad:

deseas a la mujer del vecino, la de las tetas grandes,

la billetera de tu jefe, gruesa y dura,

las ilusiones de los enemigos que ves todos los días,

y los odios de los amigos que nunca ves,

pero al final todos acabamos en la mierda.

Ójala y nuestra polla o coño fuera más grande que nuestro ego,

que aunque sea equiparable no es igual,

así podríamos presumir de bicefalia y tal vez

lograr el equilibro

que siempre se nos derrama por el mismo lado.

Muchos me dicen que es más fácil escribir un diario,

pero ah,

este afán por llenarlo todo de mierda,

si buscáis belleza no os miréis al espejo.

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Los escritorios no deberían esperar sólo hojas tristes.

Ya sólo me emborracho para dormir.

Trabajar es anodino, algo completamente indiscutible por eso nadie habla de ello.

Los escritorios no deberían guardar esta clase de hojas.

No puedo escribir los versos más tristes esta noche, sólo los más feos; y eso ya es demasiado.

According to Brueghel
when Icarus fell
it was spring

William Carlos Williams

Es poco lo que nos va quedando. Demasiado para saber aceptarlo. Entre nubes se nos va lo que nunca hubo claro. Tal vez vino igual. La única nada que sabemos es la nada que quedará cuando uno de los dos dé el último portazo, aunque seguramente la sabré yo que será quien quede esperando, pues no puede esperar nada aquél que nunca dió de más. No sabemos nada, sólo esperar el no sabemos nada, solo esperar el no sabemos, solo esperar el

no sé por qué aún pierdes la cabeza por mí.

“Es simpático, divertido, me hace reír…”, dicen las chicas.

“Me dan asco las mujeres normales”, digo yo. Ella es a la que critican, a la que envidian y acusan las otras mujeres, a la que desean los otros hombres.

“Búscame en los bares o no busques”, dice ella.

Qué descanso le queda cuando desnuda en mi cama ha logrado mi atención y maldice sus tacones, por mí nunca tuvo que recorrer tantos kilómetros, por mí ni sus pies ni su corazón dolieron como los de las otras.

 

pink moon (and keyboard)

rubita69@hotmail.com y la palma de tu mano nunca te fallan. Te maravilla la lefa en el teclado. La guarra se ha hecho de rogar para enseñar las tetas. Jamás querría a esa puta de pareja. Niñata de 16. Y es que soy muy liberal pero no con mi novia.
por cierto me voy del messenger que ya está la cena.

Joder, ójala y todas las tías que conozco me chuparan la polla, qué coño, y los tíos.

Pequeñas virtudes.

yo sabía qué sería y no sería. Ponerse cachonda con un roce. Joder, una guarrada sin tí. Tú y dos sois la utopía, necesaria para aquél que sabe a amor y no necesariamente a aquél que sabe a boca. Es fácil, demasiado. Varios me lo harían. Y no. Jamás me enamoré del sonido de la saliva como tú ni del tema. Ambos supimos lo de la utopia, que nos encantaba al igual que el puto Antonio Vega. Ambos sois plurales porque coincidís en infidelidades, absurdas, también yo. Yo soy esa. Ponerse cachonda sin tí. Ójala y tú me llenaras entera. Que me he vuelto animal por tí. Que el peligro eres tú. A ver si te enteras.

Don Curro. Calle Alameda. Queda bonito decir estrellas pero digo dolor, también digo mierda. Don Curro espera sueños de esperanzas lluviosas aquél día de octubre, aquél día que nos conocimos. De verdad. Como dice mi amigo al que le recuerdo a Hemingway. Siempre se queda el atún fuera del sandwich y siempre se dice que Dylan era un literato, en cambio, lloro con Sexton, canto con Whitman.

Las cosas son inamovibles porque se prefieren así.
No llores por lo que pasó, ya de poco vale hoy, confórmate con no caer en los antiguos errores.

Todos aquellos que te hagan sentir mal que se vayan al diablo.

No intentes entender a nadie, tú mismo siempre serás tu único amigo y enemigo porque sólo tú eres el único que te conoces, y la mayor parte del tiempo ni eso.

Nadie puede por ello limitarte, no lo hagas contigo.

te levantas con tu sonrisa de boca de jarra y tu risa encendida que contempla un espejo en el agua pero te acuestas con la silente voz de tu alma y tu corazón desnudo, tus ojos como almendras delatan la ausencia de sueño sobre tu lecho desierto

En estos tiempos no sé, por así decir, lo que quiero; tal vez no quiero lo que sé y quiero lo que no sé

Marsilio Ficino, carta a Giovanni Cavalcanti, c.1475

Miedo de mí. Cada vez que pienso en mí dejo de reír, de cantar, de contar. Como si hubiera pasado un cortejo fúnebre

Alejandra Pizarnik

Ya solo habla de amor, dice el libro. Antiguo beso eléctrico hiper-digitalizado. Sociedad de la transparencia. Amor líquido, espeso. Fotocopias de Kurtag-Bach , transcripciones para piano a cuatro manos. Schubert. Películas. Ronda. Grazalema. Bilbao. Cuenca. Marie Moody. In a cage. Romper con todo es fácil si hubiera algo, pero… ¿hay algo? Costumbre. Decepción. Desencanto.

Ya solo habla de amor, dice el libro. Y remembranzas. Y tocar mi boca con tu espalda, besar tus hombros y creer que sólo ahí nos absorbemos vivos, nada más, soy una perra hambrienta, pura palabra y silencio. A veces creo que no soy nada. A veces sueño que lloro y siempre acabo llorando de veras,  como ahora y hasta en los mejores momentos, incluso hasta cuando ya solo hablo de amor y soy consciente. Joder, ójala y no nos hubiéramos conocido jamás aquella noche y no.

Ya sólo hablo de amor. Qué bonita es tu espalda. Qué bonito eres tú. Qué bonitos hemos sido y cuanta pena hemos dado y nos hemos dicho. Cuantos camiones nos han recogido atropellados en la calle y qué poco nos hemos valorado. Tengo miedo, abrázame.